domingo, 18 de octubre de 2015

Una parodia del espacio y del tiempo

En la antigüedad, Shi Huangdi ansiaba la inmortalidad más que ninguna otra cosa. Toda divinidad que pudiera ayudarle a conseguir su sueño era venerada. Una mañana, convocó a sus mejores exploradores y les ordenó que recorrieran todo el Imperio en busca de un supuesto elixir de la vida.
Uno tras otro partieron en su busca. Éste pereció envenenado, aquel otro despeñado en una sima, aquel de anciano en un lugar de retiro y así uno tras otro sin resultado
Sólo el más intrépido, Huang Tsé sigue hoy, tras los siglos,  buscándolo sin éxito

31.HORIZONTES LEJANOS

          Las ciudades y los signos, las ciudades sutiles, las ciudades y el hombre. Las ciudades y la memoria. Hay nombres de ciudades que ...